La muestra que desafía el poder de la mirada y entrega el disparador a la invidencia se inaugura en Puerto Montt en una exposición interdisciplinaria de Raúl Charlín, que combina fotografía, video, sonido y máscaras 3D. Autorretrato ciego se abrirá al público este 30 de abril, a las 16:00 horas en la Casa del Arte Diego Rivera. La exposición se podrá visitar hasta el 06 de junio de lunes a viernes de 10.00 a 20.30 horas y los sábados desde las 11.00 horas.
A través de un acto de coautoría, personas con discapacidad visual toman el control de su propia imagen, cuestionando los cimientos de la cultura visual contemporánea.
¿Tiene sentido autorretratarse si no se puede observar la imagen resultante? Bajo esta premisa cargada de humanidad y profundidad filosófica, el artista Raúl Charlín inaugura este jueves 30 de abril, a las 16:00 horas, su exposición “Autorretrato ciego” en la Casa del Arte Diego Rivera.
La muestra no es solo una exhibición fotográfica; es un proyecto interdisciplinario que busca romper con el “oculocentrismo” —el predominio absoluto de la vista— para invitar al espectador a un espacio de mediación háptica y auditiva. A través de fotografías en blanco y negro, registros audiovisuales, relatos y máscaras impresas en 3D, la exposición permite que tanto personas videntes como aquellas con discapacidad visual utilicen el tacto y el oído para reconocer la identidad de los retratados.
El oxímoron de la imagen invisible
Para Charlín, el nombre de la muestra es una provocación necesaria. “Nosotros lo definíamos más bien como un oxímoron, porque ¿puede un ciego autorretratarse? Hay una provocación en ese término”, explica el autor. A diferencia de una selfie cotidiana, aquí existe una propuesta estética deliberada: “Lo que genera más estupor es que el ciego no puede observar su autorretrato... pero hay una intención autoral donde se sitúan los diferentes elementos”.
El proyecto nació de una intuición sobre esta paradoja, buscando generar “remesimientos internos” que permitan aflorar preguntas sobre cómo nos vemos y cómo queremos ser mirados cuando el ojo no es el protagonista.
Ceder el poder: El dedo en el obturador
Uno de los ejes centrales de la obra es la transferencia de poder. En la fotografía tradicional, el fotógrafo suele tener el control absoluto, especialmente con cámaras antiguas y complejas de plano focal delgado que requieren que el sujeto permanezca inmóvil. Sin embargo, Charlín decidió entregar el disparador remoto a los protagonistas.
“El empoderamiento es una adquisición de poder que se transfiere desde el fotógrafo al sujeto retratado”, afirma Charlín. “Ese pequeño acto, ese movimiento ligero del pulgar al presionar el obturador, le confiere una parte significativa del poder de su propia imagen. El resultado final es una coautoría”.
Historias tras la penumbra
El proyecto comenzó hace varios años en la Biblioteca Central para Ciegos de Santiago, donde Charlín conoció a Elizabeth Caballería, quien se convirtió en asesora inclusiva y pieza fundamental del equipo. Desde allí, el proyecto se expandió como una “telaraña” por todo Chile, llegando a ciudades como Arica y Curanilahue.
Charlín recuerda con especial emoción las diversas reacciones de los participantes. “Para muchas de las personas retratadas fue muy importante porque no son visibilizadas, como la mayoría de los seres humanos. Usamos el término 'visibilización' de forma coloquial, y estamos hablando de gente que no puede ver; hay toda una metáfora ahí”.
Entre las anécdotas más humanas, el artista relata la experiencia de una persona que perdió la vista tras un accidente y sufría dificultades motrices: “Le costaba presionar el disparador y se puso muy nerviosa... se le movía la mano, entonces la mano salió en movimiento. Lo que quedó fue algo interesante a nivel visual que también retrata la realidad de esa persona”.
Una invitación a tocar y sentir
La exposición desafía la norma de "no tocar" de los museos. Las máscaras tridimensionales están diseñadas específicamente para que quienes no ven puedan palpar el rostro que la imagen capturó. Además, para los lectores de Braille, se han incluido textos táctiles que complementan la experiencia.
En un mundo saturado de imágenes manipuladas, “Autorretrato ciego” nos obliga a cerrar los ojos y preguntarnos qué vemos en ese eigengrau (el gris intrínseco de la oscuridad). Como bien dice Charlín: “En el arte prácticamente no hay respuestas, lo que uno se lleva son preguntas: ¿Quién es el autor de esta imagen? ¿Es el fotógrafo o es el retratado que acciona el mecanismo?”.